“Sueños Indescifrables”
El viento soplaba fuerte y hacía sonar de manera furiosa las hojas de los árboles, en lo alto de una colina y acomodados en círculo, de forma misteriosa , se plantaban unas enormes rocas altas y delgadas, en medio una mujer con una manta negra cubriéndole la cabeza pedía clemencia a los dioses; pedía por su esposo y su aldea. Un dios le contestó y pidió algo a cambio.
La imagen cambia y ahora me encuentro en el cuerpo de una joven, sus ropas echas de piel y lana. Una aldea se consumía en llamas, se oían los gritos de los niños y las personas, “es mi culpa”, pensé. Intenté ayudar a unos niños y quedé atrapada “por favor ayúdame” le supliqué a alguien con el pensamiento, pero ¿A quién?, un hombre aprecio; Era joven, alto fuerte, pero sus ojos…algo en sus ojos me decía que no era del todo humano, tenía una especie de marca o tatuaje en el rostro con símbolos de los dioses.
Yo lo conocía, eso era seguro, era a el a quien llamaba.
Lo veo borroso y me encuentro en otro sitio, grandes bestias ante nosotros hablando de un contrato, sentí miedo, no por ellos si no por su petición, mire desesperada al chico y le pedí que no me dejara, que nos fuéramos, pero él se negó. En ese instante, otra bestia, que parecía echa de fuego, dijo lo que quería.
Una lágrima recorrió mi mejilla.
Abrí los ojos y sentí caer dos lágrimas de ellos, me las limpié con la mano y suspire con la vista fija a la pared, escuchaba los pájaros cantar, y el ruido de los autos al pasar, ya era de mañana.
- Otra vez ese sueño – dije para mí con la voz angustiada.
Me desperecé y me levante para empezar a alistarme...
- No es normal que sueñe con eso constante- susurré algo irritada al tiempo que me ponía los pantalones.
Termine de vestirme con una blusa de tela suave, cómoda, pero que me daba un aspecto arreglado, un collar y unas zapatillas; Me miré al espejo y una vez aprobada mi apariencia tome mi bolso y salí.
Me encaminé hacia el café donde me esperaba mi amiga Miranda; al llegar pude verla irritada por la espera, era una chica joven, un año mayor que yo, de carácter fuerte y un poco impulsiva, y sobre todo impaciente. Yo le tenía mucho aprecio y la consideraba como una hermana. Miranda era delgada, de piel bronceada y su cabello natural era negro y siempre lo adornaba con algún rayo de color, el de hoy era azul, hace dos semanas era rojo, y dos semanas más atrás era rosa.
- Se le va a caer el cabello de tanto tinte- susurré para mí.
Me dirigí hacia ella y me senté en la silla de aun lado. Miranda me observó un momento con enfado, luego su rostro se suavizó y sonrió para luego decir:
- Te ves fatal, ¿dormiste mal acaso? – me pregunto con una sonrisa pero mirándome como si la respuesta que esperaba le dijera algo importante.
Al ver la cara que puse Miranda rio y miro su café dándole un sorbo -Tomaré eso como un sí-.
Suspiré y le contesté: - hoy volví a tener el sueño, pero esta vez fue más intenso…- dije con la vista en la mesa.
El rostro de Miranda tomó una expresión extraña, no era raro que yo le contara mis sueños, pero últimamente Miranda tomaba especial interés en ellos. Me miró fijamente, apoyó sus codos en la mesa y su barbilla en sus manos escrutándome como si quisiera ver atreves de mis ojos las imágenes del sueño y le dijo:
- jmmm y dime ¿Fue exactamente igual o paso algo distinto?- .
Empecé a relatarle el sueño con los detalles exactos. Ella me escuchaba atenta y en silencio. Cuando termine siguió mirándome fijamente y me pregunto:
- ¿No recuerdas más?- .
Yo negué provocando un suspiro de mi amiga. Sabía lo anormal que era, que tuviera esta clase de sueños de manera constante y que me alteraran tanto, por eso agradecía a Miranda que me escuchara sin reírse.
Miranda sorbió un poco de su café mientras yo jugaba con el mío y en un instante escuché.
-“está recordando”- .
Mire tras mi hombro confusa y luego a miranda y no vi a nadie, sobé un poco mi sien y atribuí que había sido mi imaginación, debe ser que no había dormido bien.
-“jmmm pronto será tiempo”- volví a escuchar ahora del lado de Miranda.
La voltee a ver pero ella aún sorbía de su café, pero a lado de ella vi una especie de sombra. Torcí un poco el labio y me froté los ojos.
-He de estar demasiado cansada- me dije.
Cuando volví a mirar Miranda me devolvía la mirada de forma curiosa.
-Pasa algo ¿Gaby?-me preguntó
-No, es solo q…- me detuve a media frase porque una risita casi de ultratumba empezó a escucharse, mira a todos lados buscando su origen pero nada, miré a miranda pero esta me veía con cara de preocupación, “¡Dios mío! Estaba alucinando”.
Miranda carraspeo y la risa pareció obedecer y guardar silencio. Mi amiga me dio unas palmaditas en el brazo para que me calmara,
-Sabes, creo que lo mejor será que vayas a casa y descanses un rato más, si quieres, te llevo-.
-No, no, ya iré yo sola, no quiero causarte problemas-.
Me levante y dejé lo de mi café, me despedí de ella y le prometí llamarle cuando haya llegado. Quizá tenía razón y necesitaba descanso.

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